Lagarto Blanco uno
Uno
Decía, que en esta ultima faena traté no pensar en mi padre, de que si lo encontraba estaba bien, si no, bien también, por eso cabeza gacha me trabé en la contienda de seguir trabajando, cada termino de turno, nuestro paradero era la cantina, allí por largas horas jugábamos a las cartas y le poníamos entre pera y bigote, muchas veces salí de ahí afirmado en los mocos y otras tantas veces simplemente no salía, sacaba una o dos hornadas hasta que me decidía volver al campamento.
Don Pedro, el dueño de la cantina, había contratado recientemente una nueva sirvienta, me dediqué toda una tarde a mirar sus lindos ojitos, eran de color aperlado,
Sentimentalismo
Aquí partió mi historia sentimental, nunca había tenido mujer, escuchaba mis compañeros hablar de ellas de que como lo hacían y yo para no parecer un tonto, nada decía, ni preguntaba, No niego que me sentí feliz cuando accedió a mis requerimientos amorosos, como un experimentado galán me dirigí a ella invitándola a salir algún día.
La primera salida ocurrió un domingo, paseamos por la plaza del pueblo ya tarde en la noche decidí tomarle la manito y robarle un beso.
Los días fueron pasando y nació entre nosotros un encendido romance, el primer día que nos acostamos le conté que era virgen, que de sexo nada sabía, al principio no me creyó pero estando en la cama se convenció que no le había mentido.
Pensé en ella cada momento, cada día mis pensamientos estaban en su mirada, en sus ojos, en esa forma de mirar y de hacer el sexo, fue una buena profesora, nos pusimos a vivir juntos. Arrendé una pieza y esta, se transformó en nuestro nidito de amor, cuando mis compañeros me invitaban a jugar cartas en la cantina decía que no, que me dolía la cabeza, que estaba enfermo, pero nunca dije, que era porque quería estar con ella.
Transformé mi vida en un torbellino, cada pensamiento, cada espacio desocupado de mi cerebro, cada actitud, estaba relacionada con esta mujer,



